Su distracción e inquietud no son intencionadas

El trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad TDAH es un padecimiento de origen neurobiológico (alteraciones en los neurotransmisores “químicos cerebrales” y en la organización neuronal) con repercusión principalmente en la conducta, al igual que el resto de los trastornos mencionados.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad se puede presentar desde los primeros meses de vida.

El diagnóstico del trastorno por déficit de atención e hiperactividad es totalmente clínico; es decir, se realiza de acuerdo a las descripciones de los padres y maestros y lo referido por los niños, adolescentes y, en todo caso, en el adulto afectado por esta enfermedad.

Los estudios que se indican dentro de la valoración diagnóstica son sólo para descartar otras alteraciones que son frecuentes en los niños con TDAH y que nos orientan hacia un tratamiento farmacológico más seguro y con menos complicaciones.  La realización de un electroencefalograma (EEG) o una resonancia magnética cerebral (RMC)  o una tomografía axial computarizada (TAC)  cerebral, son válidos para descartar otras enfermedades; sin embargo, no hacen el diagnóstico de TDAH.

Criterios clínicos:

Inatención:

Usualmente se manifiesta de alguna de las siguientes formas:

a)    No presta atención suficiente a los detalles y puede incurrir en errores e incluso en accidentes por descuido en las tareas escolares o actividades en casa. Se le ve distraído.

b)   Parece no escuchar cuando se le habla directamente. Generalmente los padres dicen “lo que pasa es que no quiere hacer caso…”

c)    Tiene dificultades para mantener la atención en tareas escolares o domésticas o en actividades lúdicas (juegos).

d)   No sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares o encargos.

e)    Evita, le disgusta, es renuente o tarda mucho para iniciar las tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (principalemente trabajos escolares)

f)     Extravía objetos necesarios para tareas o actividades (por ejemplo, útiles y tareas escolares, suéteres, chamarras, juguetes).

 

Hiperactividad:

Suele manifestarse de alguna forma de las siguientes:

a)    Se mueve constantemente en su asiente, mueve en exceso manos o pies.

b)    Abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.

c)    Corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sensación subjetiva de inquietud).

d)   Tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.

e)    Usualmente “está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor.

f)     Habla en exceso .

 

Impulsividad:

Con frecuencia de manifiesta de alguna de las siguientes formas:

a)    Se precipita a dar respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.

b)   Tiene dificultades para esperar su turno y para que los demás terminen sus actividades.

c)    Interrumpe o habla durante las actividades de otros (p. ej. se entromete en conversaciones o juegos, tiene dificultades para esperar que los demás terminen sus actividades) y su conducta parece ser inapropiada.

La sintomatología antes mencionada está desarrollada para niños en etapas preescolares finales y escolares y las características clínicas del trastorno se modifican  en adolescentes y adultos; por lo que es fundamental la valoración psiquiátrica.

En la valoración psiquiátrica se debe descartar la presencia de un trastorno depresivo o un trastorno de ansiedad, ya que a diferencia del adulto, en los niños  los síntomas característicos se pueden confundir fácilmente con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y pueden condicionar errores en los resultados del tratamiento que aunque pueden ser corregidos si nos pueden condicionar cambios de conducta inadecuados. Y por otra parte, es sumamente frecuente que se presenten tanto trastornos de ansiedad como depresión en los pacientes con TDAH y se deberá ajustar el tratamiento farmacológico según las necesidades de cada paciente.

En el caso del TDAH, además del tratamiento farmacológico, se deberá dar tratamiento psicoterapéutico tanto al paciente como a la familia para mejora la conducta del individuo. La utilidad de la psicoterapia en el TDAH se encuentra en el manejo de la conducta y de las emociones del paciente y la familia y puede intervenirse en otras áreas como la interacción con maestros y compañeros de la escuela y el apego adecuado al tratamiento farmacológico.

La importancia de recibir tratamiento es que podremos llevar al niño, adolescente y adulto a la mejoría de las tres áreas y de competir con personas al mismo nivel, tanto por el desarrollo escolar como por la capacidad para organizar la información y las actividades a realizar, entre otras.

El trastorno también se identifica en la edad adulta y aunque sabemos que un 60% de los pacientes que tienen el diagnóstico lo mantendrán en la edad adulta, se sugiere emplear los tratamientos clásicos para el manejo del TDAH buscando la mejoría de las actividades del adulto tanto a nivel social como laboral considerando al TDAH un trastorno crónico con mejoría parcial de los síntomas al paso del tiempo.